La siguen cagando (reacción al trailer El Aro 3)

Todavía no comprendo cómo funcionan las productoras de cine actual. Ni tampoco sé lo que buscan con sus ideas. Cuando tenía la edad de 7 u 8 años, recuerdo haberme desvelado muchas veces, muchísimas veces, viendo en los canales nacionales películas de terror slasher, porque eran el tipo de terror que se filmaba en aquellos tiempos, en los años 80. Crecí con excelentes filmaciones de terror, muchas ideas increíbles que superan con creces la demanda actual cinematográfica en cuanto al género en sí se refiere.
Se sabe que el gore está supervalorado (tal vez Holocausto caníbal no tendría el mismo impacto en estos días, si se toma en cuenta que la realidad muchas veces supera la ficción), por lo que las compañías cinematográficas han dedicado su esfuerzo en suprimir la sangre por suspenso y terror psicológico. Y eso está bien. El Conjuro, película que para mí abre una vez las puertas a lo paranormal, significa que sí existe una verdadera vocación y una preocupación latente en demostrar que más allá de los sustos y lo extraordinario, debe haber una historia.
Las películas de terror muchas veces desean divorciarse de la literatura, pretenden crear un conflicto u olvidarse de ella, o por lo menos eso intuyo, al descubrir la existencia de tantas, tantas historias excelentes (originales), que son pasadas por debajo de la mesa sin ningún decoro. Clive Barker, por ejemplo, consiguió escribir dos historias escalofriantes (llevadas al cine por él mismo), porque estoy seguro que ningún director de esta era fílmica lo habría hecho igual. Me estoy refiriendo en este caso a Hellraiser y Boogeyman.
Coño, todavía no comprendo cómo las grandes cadenas cinematográficas continúan apostando por títulos tan mediocres como El Aro. Perfecto, El Aro proviene de una excelentísima novela de terror del escritor Koji Suzuki. Pero, ¿hasta cuándo con el mismo cuento de nunca acabar? Nada, me hace pensar que hay tanto vacío creativo por parte de los productores o una catastrófica flojera mental para crear cosas realmente novedosas, que terminan sacando lo primero que tienen a la mano.
He visto el trailer de El Aro 3, y esta es mi reacción ante títulos como estos. No lo puedo creer. ¡Me enerva! ¡Qué mierda!
Pienso escribir un artículo con un top 7 de libros de terror (cuento o novela) que pueden ser llevados al cine fácilmente, y que seguro superará con creces este maldito repertorio de refritos. El terror como género fílmico o literario no se acerca jamás a estas experiencias sobrenatuales como El Aro. Yo creo que este género del terror sigue siendo sobrevalorado en la actualidad. El terror no significa asustar (aunque es algo inevitable, y no está mal que se piense en asustar cuando se escribe o pretende hacer una obra audiovisual o literaria); pero la verdad es que hablar de terror es mucho más profundo que eso. El terror se vincula con los miedos. Y el miedo es la respuesta más primitiva del ser humano. ¿Quién no ha sentido miedo? ¿Qué cosa puede ser más profunda que el estudio del miedo? ¿No son los miedos los que definen nuestra perspectiva de la vida? ¿No son nuestros miedos los que nos inducen a cometer aciertos o errores garrafales?

En su oportunidad, cuando finalmente salga la dichosa película, la comentaré mejor. Pero solamente ver el trailer, me resultó suficiente. ¿Spoiler? ¿Para qué? Si ya es una película más que predecible.

Yo sé quién no ganará el nobel de literatura

Este artículo es viejo. Como también es viejo el artículo de Santiago Roncagliolo. Lo vuelvo a publicar con el propósito de agregar una opinión adicional a las otras que podrás leer más abajo.
Si eres un escritor o pretendes serlo o tienes una idea de quererlo ser, aférrate a la idea con todas tus ganas, es un mundo maravilloso. Y muchos nos acercamos a la escritura por voluntad propia. En mi caso particular, un día tomé un papel y un lápiz, me senté en una mesa (creo que la mesa desplegable de la biblioteca que tenía en la habitación), y arranqué con una historia. De eso hace muchísimo tiempo. Pero si te gusta la escritura, pues, debes dar por descontado que no lograrás ningún nivel narrativo aceptable si no lees. Y recuerdo que Stephen King motivó mis intenciones de acercarme a la lectura, como puede que tú te hayas acercado a ella leyendo Platero y yo, El Principito o cualquiera de esas novelas que abundan en la actualidad y siguen gustando. Esas obras, es decir, trascendieron a su manera, ¿verdad? Creo que una de las cosas más importantes que se le debe a Stephen King o J. K. Rowling o George R. R. Martin, por mencionar escritores contemporáneos exitosos, es que su lectura motiva a crear el hábito de la lectura dentro de esta abrumadora voracidad del tiempo. Por la mañana las noticias se despachan como pan caliente, y por las tardes son una pieza mohosa y pestilente. Así de rápido avanzan nuestros días.
Entonces, pienso que si Stephen King tiene un estilo tal vez no tan académico en su sentido estricto, ¿qué importa? ¿Qué más da? Yo sigo leyéndolo con el mismo interés que le dedico a escritores como Philip Roth, por ejemplo. Lo importante es leer... y estos autores que he mencionado antes logran hacer cosas maravillosas.

El texto que sigue es el artículo original, publicado hace un par de años.

***
En el diario La República, Santiago Roncagliolo, joven escritor latinoamericano, publica un artículo que expone sobre la mesa un tema que se ha convertido en un clavo ardiendo entre las manos para muchos lectores que elogian la obra de Stephen King.
Roncagliolo señala que muchos escritores de la envergadura de Lovecraft y Poe tienen mayor receptividad entre los snobs (para emplear sus propias palabras), y no le quito razón alguna. Muchos de estos lectores desconocen en su totalidad la obra de King, por una parte, para desgracia de ellos. Y lo que resulta una verdadera lástima, porque se pierden de cosas asombras que Roncagliolo describe muy bien en su artículo.
Sin embargo, agregaría un par de párrafos al artículo en cuestión, mencionando que escritores como Julio Verne o Ray Bradbury no fueron para los snobistas literatura alguna. ¡Qué barbaridad! He visto como se venera, hacen alardes de grandes obras que, en mi opinión, no son más que malgastar tiempo y talar bosques inmisericordemente.
Finalmente, añadiría que los escritores contemporáneos están siendo juzgados (quiero creer que es así) bajo una nueva óptica. Los lectores cambian, como cambian los estilos de escritura o corrientes literarias. Quizá la desintoxicación o era postenobista esté comenzando a calar en los huesos de muchos escritores y lectores, que ya sin miedo escénico o complejo, se atreven a mostrar al mundo, aunque sea en formato digital, sus obras.
Para la literatura están cambiando muchas cosas, pero veo que continúan escritores como Bradbury, Verne, Matheson, o el mismo King, esperando por encontrar su merecido reconocimiento. Por lo menos Roncagliolo, al final de su artículo, dice una gran verdad: "Stephen King tiene aliados más poderosos que cualquier académico"; quiero creer que es así…
Lee aquí el artículo de Santiago Roncogliolo: "Yo sé quién no ganará el Nobel".

El evangelio del mal | Patrick Graham

Se puede comenzar esta reseña de muchas formas: lo haré pensando en la manera tan simplona en que llegó este libro a mis manos.

En los últimos quince meses he compaginado mi vida con muchas lecturas (casi todo lo que me caiga en las manos), una novela que vengo escribiendo desde hace poco (y otra que aguarda su merecida corrección en el cajón), atender clientes en el lugar donde trabajo (algo tienen que hacer los escritores para vivir: sino échenle un vistazo a las vidas de Kafka o Faulkner, por citar algunos ejemplos que me fascinan por su excentricidad), también me he dedicado a vender libros. Sí. Vendo libros en mis ratos libres. Compro libros nuevos y usados. Muchas veces los destripo (leo) antes de ofrecerlos a mis clientes. Vamos, lo que viene a ser un librero de toda la vida.

Esta última actividad me ha llevado a toparme con muchas sorpresas, entre las que puedo destacar: las novelas (El tercer lado de los ojos, Fuera de un evidente destino y Yo soy Dios) del italiano Giorgio Faletti; la increíble y fascinante novela La isla de los amores infinitos de la cubana Daína Chaviano; Los corruptores de Jorge Zepeda Patterson; el inolvidable thriller policial-religioso de Pedro Ángel Palou, El dinero del diablo; la conmovedora historia de Kevin Brockmeier en su novela Breve historia de los que ya no están. Son muchas las historias que he leído, en principio convencido de estar perdiendo mi tiempo, y termina siendo una verdadera sorpresa.

En cambio, las historias de terror que resulten una verdadera sorpresa, sí terminan siendo una anormalidad. Algo que sale de la norma. Un pedazo de tierra desolada en el que pretenden, quienes amamos este género, encontrarlos como tesoros enterrados. Esto fue lo que me sucedió, precisamente, con Patrick Graham y su novela El evangelio del mal. Encontré un verdadero tesoro.

Vendida como best-sellers y en estantes de libros en oferta, esta novela destaca por el estudio minucioso de los elementos que en ella gravitan: históricos, religiosos, policíacos y criminológicos. Graham, según lo que leí de su biografía, trabaja como asesor internacional, lo que le permite mantener ese contacto directo con los temas que aborda en su novela. Creo que esto mismo lo ha llevado a escribir una trama usando como telón de fondo la Edad Media, para desarrollar una historia que se dilata en el tiempo hasta alcanzar nuestros días e imaginar una conspiración contra el Vaticano que hará temblar los cimientos del cristianismo.

Tranquilos, porque no voy hacer spoiler de nada.

El evangelio del mal es una novela bien lograda, tejida con una prosa que se debate entre el lirismo y la crudeza. Las imágenes más perturbadoras de la historia (asesinatos, desmembramientos, crucifixiones) están dotadas de las mejores y más notables metáforas que he leído en los últimos tiempos. La prosa de Patrick Graham me hace pensar en un híbrido entre Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, Stephen King y Clive Barker. En ese mismo orden. Una maravilla que no dejará al lector sin dudas indiferente.

Hace muchos años busco en el género del terror (gusto que tengo desde que tengo uso de razón), algo novedoso, digno de admiración y desvelo; y, salvo excepciones que, caramba, hay que reconocer, uno termina asqueado leyendo la misma mierda de siempre. Un bodrio que no merece la tala del árbol en que fue impreso. Advierto que me estoy refiriendo a la literatura contemporánea. De la clásica, en cuanto al género en cuestión, abunda una chorrada de escritores que son unas joyas. Y no me estoy refiriendo solamente a los autores de cabecera y reconocidos. También hay muchos olvidados como Arthur Machen o Jean Ray que, por alguna razón, pasaron un tiempo por desconocidos. Hoy ya no tanto; aunque un buen puñado de lectores y amantes del género, tal vez no sepan quiénes son.

Pero bueno…

Esta novela de Patrick Graham, sin duda, merece la pena destacar por encima de muchas otras. No leía nada parecido, tan bien escrito, desde El último pasajero del español Manel Loureiro, de quien siento una profunda admiración, y lo digo sin tapujos, una envidia sana. Loureiro ha conseguido escribir y publicar algo que sí merece la pena.

Ahora bien, tranquilos, sin spoilers, les resumo de qué va la cosa con El evangelio del mal. Todo comienza con un libro, cuyo contenido nada menos es el Evangelio de Satanás, el cual es  robado por una recoleta que escapa de una antigua cofradía —adoradores del demonio— que se hacen llamar Los Ladrones de Almas, durante la Edad Media. En la búsqueda del mencionado libro, la cofradía va dejando tras de sí asesinatos perturbadores y macabros, que llevan a la vieja mujer a emparedarse a sí misma con el libro. Con los bolsillos vacíos, Los Ladrones de Almas continúan su búsqueda sin desfallecer.

Después de muchos siglos buscando, la agente del FBI, Marie Parks, encargada del departamento de personas desaparecidas, se lanza tras la búsqueda y captura de un asesino de mujeres en Maine. Un accidente ocurrido muchos años atrás la deja en coma. Cuando despierta, con el tiempo, se da cuenta que tiene el poder paranormal de entrar en las mentes de las personas. Dotada de ese poder, captura al asesino de mujeres.

Entretanto, en el Vaticano, el Papa de turno muere (todo apunta que de manera natural), pero luego se enteran que existe una conspiración patrocinada por la mencionada cofradía, bajo otro nombre, dispuesta a destruir el cristianismo desde su interior. En eso un exorcista que se encuentra en el Amazonas es informado que en el Vaticano están sucediendo cosas raras, y que necesita encontrar el Evangelio de Satán. Se comunica con un obispo del Vaticano, y éste le indica que hay una persona que puede ayudarlo a resolver el problema: el agente del FBI, Marie Parks.

En fin, toda la novela gira alrededor de lo que sucedió durante la oscura época de la Edad Media, la Peste Negra que desoló a muchos países en Europa, y el complot que intenta derrocar al cristianismo y sembrar el caos en el mundo entero.

Si desean saber cómo va la cosa con mayores detalles, no dejen de leer esta impresionante historia, con un desenlace que los dejará en el sitio.


Cortometrajes de terror


Pensando en un tema para escribir un artículo se me vino a la mente tratar un tema que me gusta desde hace unos cuantos años: los cortometrajes. Recuerdo que hace tiempo escribí varios guiones para algún día atreverme a dirigirlos, pero la verdad es que fui bastante poco consecuente con la idea y abandoné la idea. Los guiones jamás vieron la luz, como muchos escritos que permanecen en la oscuridad de mi cajón. 

Se me vino a la mente, sin embargo, lo siguiente: «Chico, ¿qué se estará haciendo en cortometrajes de terror?», y a la pregunta me asaltó una duda y al mismo tiempo un temor, dado que en la actualidad los directores de cine, sean estos independientes o taquilleros, se les ha escondido la musa desde hace unos cuántos años. No recuerdo haber visto nada original después de Los Otros y, sin embargo, quienes conocen lo suficiente del género, se reconoce la influencia de autores como Henry JamesM. R. JamesArthur Machen y Algernon Blackwood en la mencionada película. Así que de original nada.

No importa. Por algo sigo viendo películas de terror (sin importar su calidad), porque siempre se espera algo novedoso, aunque esto último nunca se consiga. Dicho esto, me aproximé al conocido YouTube, para comenzar una búsqueda un tanto perezosa. Lo admito. Bastó con colocar: «Cortometrajes de terror», y la lista que desplegó era exhaustiva. Como en cualquier biblioteca, o en este caso videoteca, se puede encontrar de todo. Estaba seguro que encontraría cosas buenas y malas.

Se reconoce que existen dos géneros complejos al momento de escribir: el terror y la comedia. No es nada simple causar en el espectador o lector la sensación de angustia y miedo o la hilaridad espontánea. Totales polos opuestos. Puede que de esa oposición surja la complejidad. Las extremidades en que se mueven esas emociones mencionadas puede conducir a una fórmula errada; si se suministra una dosis adicional de lo recomendado, la obra literaria o audiovisual se indigesta, se satura o se corrompe la historia (si es que existe una historia), y los resultados pueden ser un desastre.

Además, por tratarse de un tema complicado, el cuento corto y el cortometraje lo tiene mucho más difícil porque necesita poco tiempo para atrapar al lector o espectador, respectivamente.

En la mayoría de los cortometrajes que pude ver en dos o tres noches, se destacan un número por debajo de lo esperado. Creo que no llegaban a cinco. Y dentro de los considerados «buenos cortometrajes», no son tomados en cuenta por su originalidad, sino porque logran contar una historia. Esto último es algo que la mayoría de los cortometrajes de terror  dejan a un lado. Se enfocan en utilizar maquillajes, escenas manidas, que chocan con el objetivo que no es otro que ¡contar una historia! Y esto mismo ocurre con la narrativa. Muchos escritores se centran en bombardear al lector de recursos literarios (que no digo sea malo), pero coño, el lector quiere saber lo que pasa en la historia, no que le demuestres lo brutal que eres construyendo metáforas o haciendo algo «profundo» para impresionar.

En este sentido, voy a dejarlos con este cortometraje que me llamó la atención y se ajusta a lo dicho antes. Cuenta una historia, en poco tiempo, administrando la dosis necesaria de terror y suspenso. Para ver el cortometraje pulse aquí.


Patricia Highsmith y el juego psicológico

Si algo he aprendido en los últimos años es que la escritura es uno de los hábitos más formidables que existen en la humanidad. Estimular la creatividad y la imaginación no tiene precio. No existen límites. Sin embargo, es una actividad anti-constancia, es decir, no puedes parar de escribir o de lo contrario el músculo de la imaginación se atrofia, y con él las palabras con las que construías hermosos párrafos se van al garete. Por consiguiente, habrá que seguir engrasando el engranaje para fortalecer el estilo.

Bueno, sin más preámbulos, después de un pequeño ejercicio de imaginación, se me ocurrió escribir un artículo relacionado con Patricia Highsmith. Para quienes no conocen a la dama, fue una escritora norteamericana de novelas de intriga, suspenso, misterio y terror. En su largo trayecto escribió una buena cantidad de historias, utilizando especialmente un recurso que, para los amantes de este género, es el pan nuestro de cada día: el juego psicológico.

Una de las características esenciales de sus historias es atrapar al lector en una historia donde todo apunta hacia varias conclusiones, pero sorprende con un final a veces imaginado (o acertado), mientras otras veces no. En su novela Mar de fondo, cuya novela leí hace unos meses atrás, narra la historia de una pareja con problemas. Un día, en una reunión entre amigos, un conocido de Melinda, la esposa de Vic, es encontrado muerto en una piscina. Nadie parece saber quién mató al sujeto, pero se levanta una ola de sospechas. El juego psicológico comienza en ese instante en el que se dan una serie de pistas y situaciones en las que se sabe con certeza quién fue el asesino, pero a lo largo de la historia el lector casi termina por aprobar la actitud de los personajes, creando una espiral de críticas a la sociedad y la familia.

En ese sentido, Highsmith consigue atrapar al lector en ese juego psicológico, como ocurre en su libro póstumo Pájaros a punto de volar, en el que las historias se desenvuelven en un estilo cuyas actitudes conformistas y rebeldes de los personajes trasgreden la norma. Los cuentos que forman parte de este libro no tienen nada que ver con el terror o el suspenso; estos son relatos psicológicos, más bien intentan jugar con el lector ante finales casi sospechados, para al final descubrir que la realidad es otra.

Para los que conocen poco de su obra, Highsmith fue admirada por muchos escritores, especialmente el maestro del misterio Alfred Hitchcock. De hecho, coincido con lo dicho por Graham Green en el prólogo del libro de cuentos Once de Patricia Highsmith: «…es una autora de novelas de detectives cuyos libros se pueden releer una y otra vez. De muy pocos se puede decir eso.» Eso es muy cierto. Highsmith dotó el género de un estilo narrativo único, capaz de hacer sentir al lector sensaciones que muchas veces los escritores olvidan, enfocándose en lo terrorífico propiamente, lo gore, lo fantasmagórico, dejando a un lado otras particularidades del género como los ambientes claustrofóbicos, la incertidumbre de lo desconocido, lo irracional.

Por esta y muchas otras razones, les sugiero leer a esta autora, cuyas historias entretienen y muestran una fase desconocida en muchos escritores de este género. Definitivamente son pocos los que alcanzan esta brillante representación de lo terrorífico del mundo en el que vivimos. Creo que solamente puede ser comparadas con escritores como Chandler, Cain, Hammett o Ruth Rendell.

Carrie | Stephen King

RESUMEN DEL LIBRO

El escalofriante caso de una joven de apariencia insignificante que se transformó en un ser de poderes anormales, sembrando el terror en la ciudad. Con pulso mágico para mantener la tensión a lo largo de todo el libro, Stephen King narra la atormentada adolescencia de Carrie, y nos envuelve en una atmósfera sobrecogedora cuando la muchacha realiza una serie de descubrimientos hasta llegar al terrible momento de la venganza. Esta novela fue llevada al cine con un inmenso éxito de público y crítica. 

RESEÑA DEL LIBRO


Cada vez me convenzo más que los detractores de Stephen King no han leído su extensa obra literaria. Han sucumbido a la tentación de los charlatanes. Muchos críticos literarios, entre los que se destacan nombres de la alta academia como Noam Chomsky (por mencionar uno), han despotricado contra las creaciones del escritor de Maine, considerándolas banales, vacías, intranscendentes y carentes de todo tinte literario. En una ocasión manifesté mi rechazo en relación a la crítica esgrimida por estos agresores. Tampoco pretenderé abordar el tema en este momento. Lo que sí quiero es resaltar el hecho de que la crítica se empeña en infligir daño en autores y textos literarios que, con el transcurso de los años, terminan por redimir como es el caso de autores como Julio Verne, Arthur Conan Doyle, Ray Bradbury, Richard Matheson, Raymond Chandler, Dashiell Hammett, entre muchos otros, que han conseguido en el tiempo, su cuota de popularidad y prestigio, aun siendo un honor póstumo en el caso de muchos autores que no alcanzaron a ver la fama, como tal es el caso de Edgar Allan Poe, quien falleció pobre y en completa soledad.

La reflexión antes señalada surgió con la lectura el fin de semana de Carrie; la novela que catapultaría a la fama al escritor de Maine, y con la que conseguiría más adelante salir de su crisis económica después de firmar los derechos de autor para ser adaptada al cine por nada menos que el director de cine, Brian De Palma.

En efecto, he leído muchos libros de Stephen King. No todos son obras de arte. Ni siquiera Carrie, El Resplandor, Apocalipsis o Eso (por mencionar algunas novelas dentro de su amplia trayectoria), pueden considerarse obras literarias a la altura de otras tantas que abundan en el mundo. En nuestra literatura universal. ¿Y eso qué importa?, me pregunto. ¿Qué carajo me importa a mí como lector que este tipo con lentes culo de botella, alto y delgado, no alcanzara a escribir una portentosa obra literaria?

En mi opinión, una novela trasciende cuando cierras el libro y reflexionas alrededor de ella. Algo queda, como un clavo ardiente en la mano, que no te permite olvidarla. Sigue pulsando. Sigue respirando a pesar de haberlo dejado en el estante de la biblioteca. A pesar de estar leyendo ya otro libro. Por esa razón existen libros perturbadores como 1984 de Orwell, Fahrenheit 451 de Bradbury, Un mundo feliz de Huxley. Resultan grandes obras literarias porque impresionan sus temas, se salen de sus cánones, intentan perturbar la consciencia del lector. ¡Y lo consiguen!

En Carrie, este elemento perturbador no causa el mismo efecto que en las citadas novelas. Pero no deja de ser acusadora, dramática, aterradora y crítica. En Carrie desfilan una cantidad de temas sorprendes: crítica a la sociedad norteamericana; maltrato infantil; debate religioso-científico; acoso físico y psicológico; trastornos de la personalidad; maldad a secas…

Además los símbolos de la sangre y el fuego, manejados de manera simple —sin muchas pretensiones filosóficas y teológicas—, demuestra la perversidad de algunas relaciones que se dan entre quienes practican una religión y defienden sus fundamentos bajo una doctrina religiosa a ultranza. Carrie desea con ardor salir de esa burbuja de carne putrefacta en la que se halla encerrada desde su nacimiento, acosada por las ideas religiosas fundamentalistas de una madre que percibe el pecado en todo lo circundante. Esa obsesión, entonces, conduce a la anarquía. Otro tema que añadir. La representación de una violencia que consume, destruye, pulveriza todo lo que toca, como el fuego.

Los temas desarrollados en esta novela como el descrito antes (la sangre y el fuego) dan incluso para un artículo separado de una reseña. Algo más extendido. Probablemente lo desarrolle en unas semanas. Lo que intento esbozar en este primer acercamiento, para quienes no han leído esta novela o cualquier otra de Stephen King, es que no se dejen engañar por lo que los academicistas sugieren en sus críticas. Chomsky aborrece el best-sellers, puesto que considera la cultura popular vacía y simple, nada trascendental. Está en su derecho. Pero creo Chomsky nunca ha leído ninguno de los libros de Stephen King. Por lo tanto, no te cortes ante el placer de disfrutar de una novela como Carrie. Mucho menos como otras tantas que seguro te harán sudar frío: Un saco de Huesos o Cementerio de animales.


En resumen, esta es una novela excelente (¡fabulosa!) con una trama bien construida, personajes que representan la cultura y la época del momento; y unos caracteres simbólicos que repercuten en el juicio final del lector. Tal vez no sea una obra de arte, pero te hará reflexionar. No extenderé más esta reseña. Hay muchísimas reseñas sobre esta novela en la red. Simplemente quise plasmar estas observaciones con el interés de incitarlos a disfrutar de esta novela si no lo han hecho antes.

Un cadáver en la biblioteca | Agatha Christie

RESUMEN DEL LIBRO

Una mañana cualquiera, la familia Bantry es alertada por una de sus domésticas que dentro de su biblioteca se halla un cadáver. Nadie en la familia reconoce el cuerpo de una joven mujer estrangulada, por lo que llaman a la policía. En el momento de la investigación, la esposa del coronel Bantry, Dolly, decide llamar a la señora Marple, quien conoce, y asegura que puede ayudarlos a resolver el misterioso crimen. Luego de diferentes pesquisas por parte de la policía, no consiguen ningún móvil plausible entre los posibles involucrados. Todos cuentan con una excelente coartada, hasta el momento en que todo se complica con otra inesperada muerte.

RESEÑA DEL LIBRO

Agatha Christie. Se puede decir mucho y poco de esta autora. Sus novelas de misterio han sido en lo personal recibidas con entusiasmo y escepticismo por partes iguales.

La prosa de Agatha Christie, se sabe, no sorprende. Se deja llevar por el arrebato de sus personajes y el argumento que se trae entre manos. En este último se concentra su creación. Y esto me lleva a reflexionar un poco acerca de las novelas de misterio. A mí entender este género necesita de tres aspectos fundamentales: un inicio que anime al lector, un clímax adecuado que no sobrepase las fronteras de lo ridículo y, finalmente, una conclusión que sea lo menos previsible. En estos aspectos, Christie es una maestra. Sabe que su potencial debe apuntar hacia el relato como tal, sin muchos adornos estilísticos, que terminen despistando al lector o aburriéndolo.

Posiblemente las novelas de misterio, como las escritas por la autora antes mencionada, requieran un ritmo rápido, sin reparar en metáforas o símiles, que despisten al lector. En la narrativa de Christie se intuye la construcción anticipada de sus argumentos. Eso no está mal, si se toma en cuenta que para lograr un final impredecible, se requiere de mucho tiempo para estudiar los posibles efectos y/o desenlaces que puede suscitar una historia. En lo personal, me disgusta el argumento premeditado. Prefiero dejar que sean los personajes mismos que indaguen en la situación expuesta. Claro, esto puede conducir al escritor a la nada; un posible callejón sin salida. Esa es la razón por la que muchas de mis novelas se hayan depositado en un cajón para nunca ver la luz. Las situaciones pueden llegar a complicarse de tal modo que los resultados pueden asfixiar al ente creativo, y matarlo.

Entretanto, con Agatha Christie, eso último no sucede. Su ritmo es rápido. El de esta novela Un cadáver en la biblioteca, a pesar de sus muchas frases chocantes (la mar de esto, la mar de aquello; sus ojos sonrieron…), la efervescencia con la que narra no pierde impulso. El clímax se mantiene hasta el final. Los personajes se construyen con el devenir de la historia. Pero no deja de ser una novela más de misterio de las muchas que existen.

Si se compara Un cadáver en la biblioteca con Diez negritos, la cual a mi entender esta última supera en calidad argumental y exposición de hechos al final, no pasa de una valoración de 5/10.


Un cadáver en la biblioteca puede ser leída una tarde cualquiera, con una taza de café. Se disfruta, pero sepa el lector que no conseguirá mucho de ella. En resumen, la novela no llega a ser mala, pero es eso: una simple novela de misterio.

Autor

Hola, mi nombre es Ricardo J. Román (Maracaibo, Venezuela). Soy escritor de novelas y relatos fantásticos (terror, misterio y ciencia ficción). Ganador de la mención honorífica en el I Concurso Venezolano de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción Solsticios 2014, con el relato Hacia un lugar desconocido. He resultado seleccionado en diversas antologías narrativas a nivel nacional e internacional. Este espacio está dedicado a mi oficio como escritor y mis gustos literarios. 

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